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viernes, 16 de abril de 2004



Lon Chaney, carne freaky

“la monstruosidad, la deformidad y la invalidez habían arraigado como un elemento esencial en el mundo del espectáculo norteamericano en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial. Es difícil ignorar los paralelismos entre la obsesión progresiva del cine por la discapacidad física y el auténtico problema social de los 250.000 soldados americanos inválidos que/ regresaron para encontrarse con escasas oportunidades de empleo en una economía por lo demás floreciente. También cierto sentimiento de “invalidez” invadió a los veteranos indemnes, que habían permanecido desempleados durante los años veinte. Los vehemente retratos de Lon Chaney de personajes lisiados y marginales reflejaban el resentimiento de un significativo segmento de la población. A un nivel más general, la personalidad incensantemente metamorfoseada de Chaney conmovía a otros muchos millones de personas que se enfrentaban a su propio sentido de la identidad en una década de rápido y desconcertante cambio social.”

Lucía Solaz Frasquet: La parada de los monstruos (Tod Browning, 1932). Valencia, Barcelona: Nau Llibres, Ediciones Octaedro, 2004, pp. 69-70.