hud

viernes, 28 de marzo de 2008



Siempre digo que esa ley tiene dos caras. Intento hacer eso. A veces estoy a un lado, a veces al otro.



Nunca hubo nadie como el viejo Norman. Nunca lo habrá. Era un chico extravagante. Decía que podía oír crecer la hierba. Una noche me llevó a sus pastos para escucharla. Después de tres o cuatro horas de darle a la botella para entrar en calor te juro que yo también podía oírla. Es la noche que estrellé el coche. Choqué con el puente de Samson Creek. Murió en media hora. Yo no tenía ni un rasguño. Me pregunto si ahora estará oyendo la hierba crecer sobre su tumba.



- ¿Por qué te enfadaste conmigo? Aunque me importa un bledo.
- Precisamente por eso. Porque no te importa. Eso es todo. De eso se trata. Sigues sin entenderlo, ¿verdad? No te importa la gente. Te importa un bledo. Tienes ese encanto que hace que los jóvenes quieran ser como tú. Eso es lo que da pena, porque no vales nada. No respetas nada. No controlas tus apetitos. Vives sólo para ti y eso hace que no se pueda vivir contigo… Quizá fui demasiado duro contigo. Cometí algunos fallos. Uno no siempre hace lo correcto.
- Papá, tú nunca te has equivocado. Siempre con tus tablas de los mandamientos mostrándolas desde cualquier colina desde que era un niño. ¡O entras en vereda o te largas! Así funciona la cosa aquí. Hommer Bannon Ojos Furiosos transmitiendo las Escrituras como si las hubieras escrito tú. Era normal que yo saliese malvado, ante tanta bondad.
- Hud, ¿cómo puede un hombre como tú ser hijo mío?
- Bueno, es fácil. No me dejaron en la puerta. Ni me encontraron en unos matorrales. De cintura para abajo tienes lo mismo que cualquier hombre. Te ha tocado tenerme por hijo, te guste o no.



He estado por todo el país, buscando el lugar y la gente adecuados. Una vez que parase, no tendría que mudarme otra vez. Pero no ha funcionado. Adiós, cariño. Cuídate.


Hud, el más salvaje entre mil (Martin Ritt, 1963)

vigila

sábado, 22 de marzo de 2008



- Hay personas que no ven el mundo como las personas normales. Eso no significa que estén locas. Quiero decir… Uno no está loco cuando tiene una percepción precisa. Pero a veces… ésta te vuelve loco… Tu hermano no está loco, aunque lo piense la mayoría. Sólo está en la peli equivocada. Nació en un momento inoportuno, en un lugar inoportuno. Tiene el don de poder hacer todo lo que quiere, pero no encuentra nada que desee hacer. Quiero decir “nada”.

La ley de la calle (Francis Ford Coppola, 1983)



marruecos

viernes, 21 de marzo de 2008



- Ya puede irse, soldado.
- Como quiera. Le costará poco deshacerse de mí.
- No hay nada como la independencia.
- Puede que yo sea independiente, con las mujeres.
- Está claro que nos tiene en poca estima.
- La culpa es de las mujeres, no mía.
- ¿Lleva mucho tiempo en la legión?
- Va a hacer tres años. ¡Tres años! Y parecen 300.
- Parece cansado de la vida.
- No sé si lo estoy o no. Lo estaba cuando vine aquí. ¿Y usted, “Mademoiselle”? ¿Lleva mucho en el teatro?
- Lo suficiente.
- ¿Cansada de él?
- No.
- Tiene muchas fotografías con ese hombre. ¿Es su marido?
- ¿Marido? No encontré un hombre que mereciera serlo.
- Eso es justo lo que pienso de las mujeres… ¿Qué demonios se le ha perdido para venir a un país como éste?
- Según creo, a los hombres no les preguntan por qué se alistan en la legión extranjera.
- Es cierto. Nadie me lo ha preguntado, y tampoco habría respondido. Cuando me alisté en la legión, enterré el pasado.
- Hay legión extranjera para mujeres también. Pero no llevamos uniforme. Ni bandera. Ni medallas cuando somos valientes. Ni galones por cada herida.
- Pero, ¿hay algo que pueda hacer por usted?
- No. Lo he oído muchas veces. ¿O pretende devolverme la fe en los hombres?
- Yo no. Se ha equivocado de hombre. En mí, sólo confían los tontos.
- Será mejor que se vaya. Empieza a caerme bien.
- Le he contado a las mujeres todo tipo de cosas. Pero le diré algo que nunca había dicho a una mujer: Ojalá la hubiera conocido hace diez años. Buenas noches.
- Buenas noches y gracias.

(Josef von Sternberg, 1930)

lola montes

martes, 18 de marzo de 2008

Todo lo que retiene, que prohíbe, no va conmigo.



- Queremos salvarla. Van a intentar arrestarla. Esta rebelión es una maniobra de la reacción. Vd. Representa el amor, la libertad, todo lo que esa gente odia. Quieren arrestarla, quizá matarla. Nosotros estamos a favor de la libertad, del amor. Queremos ayudarle a salir del país, queremos seguirla, defenderla.

Las revoluciones… No entiendo de eso. Ya sean de derecha como de izquierda.



PS Sólo existen coincidencias en la vida.



(Max Ophuls, 1955)

Rage at Dawn

viernes, 14 de marzo de 2008



- …creo que es un hombre que sabe cuidarse cuando las cosas se ponen difíciles.

- Tan frío como el hielo.

- …si lo que le atrajo fue el pintor en vez del hombre, más vale que lo descubra ahora.

Rabia interior (Tim Whelan, 1955)

vive como quieras

martes, 11 de marzo de 2008



“Dígame, ¿le gusta lo que hace?... ¿No preferiría estar haciendo otra cosa en vez de esto?... Vamos, dígame, ¿qué preferiría estar haciendo en vez de esto?... En nuestra casa, todo el mundo hace lo que quiere.”
“Pero, ¿de qué viviría?”
“De lo mismo que nosotros.”
“Bueno, ¿quién se ocupa de ustedes?”
“El mismo que se ocupa de los lirios del campo, Sr. Poppins. Sólo que nosotros jugamos un poco, bailamos un poco y lo pasamos pipa. Si quiere, venga a casa y conviértase también en un lirio.”
“¿Un lirio? ¿Yo? ¿Un lirio del campo?”



“Esperen, esperen. La suerte está echada. Soy un lirio”.



(Frank Capra, 1938)

Raymond Carver

lunes, 3 de marzo de 2008



1.

HUMO Y DECEPCIÓN

Cuando después de la cena Tatiana Ivanovna se sentó en
silencio y cogió su labor de punto, mantuvo los ojos fijos
en sus dedos y charló sin cesar.
«Daos toda la prisa que podáis por vivir, amigos míos…»
-dijo- «¡Dios perdonará que sacrifiquéis el presente
por el futuro! Ahora hay juventud, salud, fuego; ¡el futuro es
humo y decepción! En cuanto tengáis veinte años,
empezad a vivir».
Tatiana Ivanovna dejó una de las agujas de hacer punto.

Anton Chéjov, El consejero privado


NO TE ALEJES

Nadia, mejillas encendidas, feliz, los ojos brillando con
lágrimas a la espera de algo extraordinario, bailaba y
daba vueltas, con su blanco vestido ondulando y dejando ver
fugazmente sus esbeltas y bonitas piernas en sus medias color
carne. Varia, extremadamente contenta, cogió a Podgorin por el
brazo y le dijo en voz muy baja con expresión significativa:
«Misha, no te alejes de la felicidad. Acéptala
mientras se te ofrece gratuitamente, después correrás
detrás de ella, pero no la podrás alcanzar».

Anton Chéjov, Visita a unos amigos


2.

DOS CARRUAJES

Nuevamente los caballos que vuelan, la extraña voz de borracho
de Nicanor, el viento y la nieve persistente que se mete en
los ojos, en la boca y en cada pliegue del abrigo de pieles…
El viento silbaba, el cochero gritaba; y mientras éste
enloquecido fragor se producía, recordé los detalles de aquel
extraño día alocado, único en mi vida, y me pareció
que de hecho había perdido la cabeza o me había convertido
en un hombre distinto. Era como si el hombre que había sido
hasta ese día me resultara extraño… Un cuarto de hora
después sus caballos quedan atrás y el sonido de sus
campanillas se pierde en el fragor de la tormenta.

Anton Chéjov, La esposa


DESPUÉS DEL INCENDIO

El hombrecillo viejo y calvo, cocinero del general Zukov, el
mismo cuya gorra se había quemado, entró. Se sentó y escuchó.
Luego, también él empezó a recordar y a contar historias.
Nicolai, sentado en la chimenea con las piernas colgando,
escuchaba y hacía preguntas sobre los platos
que preparaba para los nobles en los viejos tiempos.
Hablaron de albondiguillas, de chuletas, diversas sopas y
salsas, y el cocinero, que lo recordaba todo muy bien,
mencionó platos que ya no se preparaban; había uno, por
ejemplo
- un plato hecho con ojos de vaca, que se llamaba
«al levantarse por la mañana».

Anton Chéjov, Los campesinos


3.

CANCIONES A LO LEJOS

Como era fiesta, compraron un arenque en la taberna
e hicieron una sopa con la cabeza del arenque. A mediodía
se sentaron a tomar té y siguieron tomándolo hasta que
todos rompieron a sudar: se diría que el té los había hinchado;
y luego atacaron la sopa, reunidos todos en torno a una
cazuela. La abuela había escondido lo que quedaba de arenque.
Al atardecer un alfarero hacía cacharros en la ladera. Abajo,
en el prado, las niñas cantaban canciones bailando al corro…
y a lo lejos las canciones sonaban dulces y melodiosas.
En la taberna y sus alrededores los campesinos armaban lío.
Cantaban con voces de borracho, desafinadas, y se insultaban
entre sí… Y las niñas y los niños oían cómo se insultaban
sin inmutarse; era evidente que se habían acostumbrado
a eso desde la cuna.

Anton Chéjov, Los campesinos


LA HUMEDAD DE LA NOCHE

Estoy harto y cansado del río, las estrellas
que tachonan el cielo, este denso silencio funerario.
Para pasar el tiempo, hablo con el cochero, que
parece un anciano… Me cuenta que en este río oscuro,
prohibido, abundan los esturiones, los salmones blancos,
las anguilas, los lucios, pero que nadie los pesca.

Anton Chéjov, En Siberia


4.

MEDIODÍA

Has servido «una sopa» y nada más. Pero
difícilmente consigues tragar ese caldo; es un líquido
turbio en el que flotan trozos de pato salvaje y
tripas mal limpiadas…
Está lejos de resultar sabroso.

Anton Chéjov, En Siberia


EL MERCADO DE PÁJAROS

No se engaña al aficionado a los pájaros. Ve y
entiende a su pájaro desde lejos -«No hay que confiar en
ese pájaro»- dirá un aficionado a los pájaros,
mirando dentro del pico de un cahamariz, y contando las
plumas
de su cola. «Canta, es cierto pero ¿qué
indica? También yo canto en compañía. No, muchacho, canta
sin ninguna compañía; canta en soledad si
es que puedes… ¡Dame
el que está callado!»

Anton Chéjov, El mercado de pájaros


5.

LA ACEDERA

Por la ventana abierta veía una bandada de patos
con sus patitos. Anadeando y vacilando, avanzaban
carretera abajo, aparentemente camino de la charca. Un
patito cogió un trozo de tripa que estaba caído en
en el suelo, trató de tragárselo, se atragantó
con él y lanzó un sonido de alarma. Otro
patito se acercó corriendo, cogió la tripa con el pico y
se atragantó también… A cierta distancia de la cerca,
en la sombra de encaje que formaban en la hierba los tilos,
Daria, el cocinero, andaba por allí, recogiendo acedera
para una sopa de verduras.

Anton Chéjov, Desagrado


CINCO DE LA MAÑANA

Cuando pasó por delante del cuarto de su padre, lanzó
una mirada desde la puerta. Yevgraf Ivanovittch, que no
se había desvestido ni acostado, estaba junto a la ventana,
tamborileando en los cristales.
-Adiós, me voy –dijo su hijo.
-Adiós… el dinero está encima de la mesa redonda
-respondió su padre sin volverse.
Caía una lluvia fría y odiosa mientras el jornalero le llevaba a
la estación… La hierba parecía más oscura que nunca.

Anton Chéjov, Gente complicada


RÍO ABAJO

A mediodía tuvimos lluvia, lo que eliminó la nieve,
y al atardecer, cuando estaba a la orilla del río y miraba
el barco que se acercaba luchando contra la corriente,
cayó una mezcla de agua y nieve… Vamos río abajo,
nos mantenemos cerca de las espesas ramas de los sauces.
Los remeros nos dicen que hace sólo diez minutos un chico en
un carro
evitó ahogarse agarrándose a
las ramas de sauce; su tiro se hundió…
Las desnudas ramas del sauce se inclinan hacia el agua con
un sonido susurrante, el río de repente se pone negro… Si
hay una tormenta tendremos que pasar la noche entre
los sauces y al final nos ahogaremos, así que ¿por qué no seguir?
Votamos la propuesta y decidimos continuar remando.

Anton Chéjov, En Siberia


6.

PRESENTIMIENTO

«Tengo un presentimiento. Me domina
un extraño, un negro presentimiento. Como si
la pérdida de alguien amado me esperara.»
«¿Está usted casado, doctor? ¿Tiene familia?»
«A Nadie. Estoy solo, ni siquiera tengo
amigos. Dígame, señora, ¿cree usted en los presentimientos?»
«Sí, sí. Claro que creo.»

Anton Chéjov, Perpetuum Mobile


Hay noches terribles con truenos, relámpagos, lluvia y
viento. Son las que la gente llama «noches de perros».
Hubo una noche de esas en mi vida…

Me desperté pasada la medianoche y de repente me senté en la
Cama.
Me parecía que por algún motivo iba a morir
de inmediato. ¿Por qué me pareció eso? En el cuerpo
no tenía ninguna sensación que me sugiriera la muerte inmediata,
pero mi alma estaba dominada por el terror, como si de pronto
hubiera visto un incendio amenazador muy cerca.

Encendí rápidamente la luz, bebí agua directamente de
la botella, luego corrí a abrir la ventana.
Afuera el tiempo era magnífico.
Olía a heno y había otros
aromas muy dulces. Distinguía las estacas de la cerca,
los lúgubres, soñolientos árboles de junto a la ventana,
la carretera, el oscuro perfil del bosque,
había una luna serena y muy brillante en el cielo y ni una sola
nube, una perfecta quietud, ni una
hoja se movía. Noté que todo me estaba mirando y
esperando a que muriera… Sentí frío en la
columna vertebral; parecía que me tiraban de ella
hacia dentro, y noté como si la muerte
fuera a saltar furtivamente sobre mí desde atrás…

Anton Chéjov, Una noche de espanto


DIAMANTES

Era una mañana gloriosa. El sol brillaba rutilante y
se abría camino con sus rayos entre las capas de nieve
blanca que todavía quedaban aquí y allá. La nieve,
a punto de dejar la tierra, brillaba como los diamantes
que hacen daño a los ojos cuando se miran, mientras
el trigo joven del invierno se apresuraba a hacer destacar
su verde al lado de ella. Los grajos revoloteaban con
dignidad sobre los campos, un grajo alzó rápidamente
el vuelo, se dejó caer, y dio varios saltos antes de
asentar firmemente las patas…

Anton Chéjov, Una noche de espanto


PUEDE RUGIR, SEÑORÍA

Gritar de miedo, llorar, pedir ayuda, llamar
en general –todo eso aquí se llama «rugir».
En Siberia no sólo rugen los osos, sino también los gorriones y
los ratones.
«El gato lo ha atrapado, y ruge» -dicen de un ratón.

Anton Chéjov, En Siberia



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“Decidimos que trataríamos de incluir los pasajes de Chéjov. Sus relatos habían sido una parte tan importante de nuestra supervivencia espiritual que, como la inclusión de Whitman en el libro de Milosz, Chéjov parecía una alma gemela, como si Ray en cierto modo se hubiera ganado el permiso a lo largo de toda una vida de admiración para tomar posesión de su obra con la audacia del amor.
Una noche recuerdo que estaba viendo con Ray la entrevista a un compositor en televisión, y el compositor decía que Chaikovski había tomados prestados pasajes enteros de Beethoven y nos los había ofrecido como suyos. Cuando alguien le reprochó esto, se limitó a decir: “Tengo derecho. Le quiero”. Ray también había hecho lo mismo, y creo que tenía derecho en cuanto enamorado, y que eso justificaba su decisión de incluir a Chéjov en su propia obra. Los pasajes de Chéjov también unen la poesía de Ray a su prosa, y su última colección de relatos había terminado con el tributo titulado “Tres rosas amarillas”. Los pasajes de Chéjov parecían encajar de modo perfectamente natural en el manuscrito, armonizando y ampliando de un modo tonal y emocional los poemas que había escrito Ray. A veces, por medio de Chéjov, Ray era capaz de darse a sí mismo y a los demás instrucciones para la difícil tarea de continuar bajo la certeza de la pérdida (“Río abajo”), o era capaz de admitir miedos que podría haber eludido con objeto de mantener la calma en su duro juego con el cáncer (“Presentimiento” y “Noche de perros”).”

Introducción de Tess Gallagher en
Raymond Carver, Un sendero nuevo a la cascada (Últimos poemas)