
los simpsons, 2006-2007
un perro andaluz, 1928
Salvo por sus manos, que pertenecían a una obra de escultura monumental, y su pequeña cabeza, Homer era bien proporcionado. Los músculos eran anchos y redondos, y tenía el pecho lleno y sólido. Pero algo fallaba. A pesar de su peso y estatura, no parecía ni fuerte ni fértil. Era como uno de los grandes atletas estériles de Picasso, que meditan con tristeza y desesperanza sobre la arena rosa, mirando fijamente unas olas de mármol veteado.
Cuando la bañera estuvo llena se metió en ella, hundiéndose en el agua caliente. Gruñó de comodidad. Pero dentro de un instante empezaría a recordar, dentro de un instante. Trató de burlar su memoria inundándola de lágrimas, y sacó a flote los sollozos que siempre acechaban, inquietos, en su pecho. Al principio lloró suavemente, después con más fuerza. El sonido era como el de un perro lamiendo gachas. Se concentró en lo desgraciado que era, en lo solo que estaba, pero no funcionó. Lo que intentaba tan desesperadamente evitar se´guía agolpándose en su cabeza.
Un día, cuando estaba trabajando en el hotel, una cliente llamada Romola Martin le habló en el ascensor.
-Señor Simpson..., ¿es usted el señor Simpson, el contable?
-Sí
...
Volver al útero: qué manera tan perfecta de escapar. Mucho mejor que la religión o el arte o las islas de los mares del Sur. Allí se estaba tan caliente y a gusto, y la alimentación era automática. Un hotel perfecto. No era de extrañar que el recuerdo de aquel alojamiento persistiera en la sangre y los nervios de todo el mundo. Estaba oscuro, sí, pero qué tibia, qué agradable oscuridad. Nada que ver con una tumba. No era de extrañar que uno luchase tan desesperadamente para que no lo echasen de allí cuando acababan los nueves meses del contrato de arrendamiento.
Nathanael West, El día de la langosta

David Lynch provides the voice of Gus, the bartender in "The Cleveland Show" (Season 1).

